Es un sábado más

A falta de noticias e información sobre este nuevo San Luis pues les dejamos este escrito, ya muy viejo y sacado de las Crónicas bamboleas de SoyTunero.com,  publicado en el entonces Fanzine de La Guerrilla (Pa`Sacarte la Cerilla) hace ya casi 10 años.

 

sabadomas

Después de 10 horas aproximadamente, tus ojos se entreabrieron, era el principio de un nuevo día, te diste cuenta que tus párpados se habían despegado y ya no se volverían a unir, los cerraste otra ves, para tratar de conciliar el sueño, pero este jamás volvió, por lo que irremediablemente, te viste obligado a blasfemar, e inmediatamente después, de levantarte de la dura cama, si es que se le puede llamar así a esa puerta triplay que sirve de base de una vieja colchoneta, después de hacer los rigurosos ejercicios de respiración así como unas posiciones de relajamiento, te dispones a iniciar tus actividades cotidianas del sábado.

Es un sábado mas, un sábado como de costumbre, un sábado llenó de éxtasis, es para ti el día más bello de la semana, y ya tu piel comienza a sentir la sensación desenfrenada de pisar una vez más las duras gradas del estadio de fútbol, y como aquella primera vez, cantar y saltar con todas tus fuerzas, pero es demasiado temprano aun para estar pensando en esas cosas, observas el viejo reloj sin correa que guardas celosamente dentro de un zapato viejo que ya no usas, y este te marca las 11:30 de la mañana, y se te viene a la mente el estadio y te preguntas el porqué tu equipo lleva varias fechas sin poder ganar como local, y aparecen en tu cabeza una infinidad de imágenes, de goles en contra, de fallas en lo delanteros y mas imágenes que ahogan tu cerebro y te hacen sentir inútil ante la imposibilidad de estar en el campo luchando por los goles del pueblo.

De pronto las tripas te sacan de ese pensamiento vagabundo y te recuerdan que ellas juegan un papel importante en ti, y que si no las llenas de proteínas ellas no te van a poder responder más tarde en el estadio, y te causaran un sin número de gases, y no podrás disfrutar del partido debido a esto. te adentras en la cocina, abres al refrigerador y lo encuentras vacío, es fin de quincena y la situación económica no anda bien, pronto te das cuenta que no solo sufrirás por la comida sino que además los sábados, tus padres están en casa y te obligan a hacer actividades que no te gustan, como lavar los trastos, baño, ropa, en fin cierras sigilosamente el refrigerador, comienzas a caminar de puntitas buscando la salida, la calle se convierte en tu salvación sábado tras sábado, y cuando estas a escasos metros de alcanzar la gloria, observas que del fondo de tu casa una afligida madre corre hacia ti, y jura que no saldrás a la calle, pero mientras tú te apresuras, de pronto una desgracia, te hacen falta tus tenis, los que siempre te han acompañado desde hace ya más de un año en todas tu aventuras de vago. Tu madre está cerca… te diriges hacia la mesa que está en el centro de la sala, le das la vuelta en u y regresas a tu habitación, para esto tu madre ya trae una sandalia en la mano y hace el mismo recorrido, te sigue, y te grita que te detengas, ya en la habitación tratas de cerrar la puerta, pero tu madre con buenos reflejos introduce la vieja sandalia entre la puerta y el marco, lo que impide que se pueda cerrar, ya observaste los tenis, y además ya comenzaste a sudar, te diriges hacia ellos, están del lado izquierdo de la cama, los tomas, tu madre entra y cuando esta a escaso medio metro y con la mano en lo más alto, tratando de tomar el impulso suficiente para descargar toda la ira de una madre que ve como un hijo la desobedece es en ese momento cuando saltas ágilmente por encima de la cama y después de una marometa con alto grado de dificultad logras ponerte a salvo en el otro lado, bueno, casi a salvo si no es por el chanclazo que te sacude el cerebro, pero no importa llegas trotando a la puerta, la abres, sales y la cierras, te calzas, respiras profundo, has encontrado la libertad, empezaste bien el día.

Olvidaste todo en casa, no importa, empiezas tu camino, como de costumbre hacia ningún lado, el caminar sin rumbo te lleva a experiencias agradables, aventuras, peligros y te hace sentir un chico callejero, te recuerda esa canción de rata blanca, con la que tu piel se eriza y tu corazón se estremece, después de haber caminado 5 minutos, recuerdas que en el barrio vecino, vive un tipo que conociste en el estadio, lo conociste no mucho tiempo atrás, tres semanas a lo mucho. Observas al cielo y te das cuenta de que el sol te hará batallar el resto del día, observas tu estomago, también te hará batallar el resto del día. Rascas tu ombligo, comienzas a pensar y tras 3 minutos de análisis (entiéndase por análisis a, tener la mente completamente en blanco), decides ir a buscar a ese sujeto.

Pronto te encuentras parado frente a su casa, buscas una piedra con el fin de estrellarla contra su puerta, y lograr que alguien atienda tu llamado, la intención es clara, tienes hambre y cualquier torta de cueritos es bienvenida, y de pronto después de tanto insistir golpeando la vieja puerta , alguien en el interior logra escuchar tus sonidos, si, es ella, la famosa hermana de Simón, se asoma, te barre y te pregunta lo que deseas, te quedas tieso ante su belleza, sus pechos firmes, su abdomen es perfecto y su rostro es muy tierno, y cuando está a punto de cerrar la puerta debido a que no has dicho nada y tu cara de estúpido la ha impacientado, tus tripas gruñen y es así como reaccionas, le sonríes y le preguntas por Simón, ella sin decir nada y notablemente molesta por las lujuriosas miradas que ha recibido se introduce en el hogar, tu supones que llamara a Simón, y así es, después de aproximadamente 10 minutos, sale Simón, le da gusto, puedes notar como en su rostro se dibuja la alegría, tal vez eres la primera persona de la barra que le hace una visita, y eso lo hace sentir bien, le preguntas por la escuela, la familia, y no podía faltar por su hermana, pregunta que lógicamente le desagrada y te receta un derechazo en la espalda, sin más titubeos le pides comida, el hambre se te nota en el rostro, tus ojos tristes y tu tez amarillenta te delatan, se introduce a la casa, y sale con una manzana, una guayaba y una vasito de agua de horchata del día anterior, tus ojos al ver dichos manjares, se tornan brillantes como un par de joyas de fantasía, y apenas te otorga el vaso de agua y ya te lo echaste de jilo,la guayaba no te duro ni dos mordidas, y la manzana roja es la que te entretendrá un poco más, lógicamente esto para ti es un simple aperitivo, pero ni modo, no le puedes exigir más cosas, sabes bien que no pudiste llenar a la solitaria que guardas dentro, pero, un cigarrillo, si, tal vez un cigarrillo podrá aplacar el hambre voraz de ese feroz engendro, le pides un peso, te lo otorga, lo invitas a la tienda, te acompaña, compras el cigarrillo, y le pides fuego a un transeúnte despistado que paso a tu lado, y le preguntas a Simón, acerca de lo que piensa de la barra, es algo que común mente haces con los nuevos integrantes.

Simón no tarda ni un segundo en responderte, te platica que es la mejor experiencia que ha vivido, porque desde la primera vez que llego se dio cuenta de que el estar presente en la tribuna es sinónimo de estar alegre, de gozar, de vibrar, hasta de llorar, que en la barra se pueden conocer personas que resultan valiosas, que te enseñan algunas cosas, que comparten sus ideales contigo, y que en general, le gusta todo, el colorido de la tribuna, y que piensa invitar muchas amistades para hacer que día con día la barra vaya creciendo y se puedan hacer cosas más bonitas.

Como la plática de Simón se tornaba aburrida, decides cortarle su pésima inspiración, te das cuenta de que el cigarrillo dejaba escapar un tímido hilillo, por lo que sería necesario que le des un toque si no quieres que este se apague, te levantas y le recuerdas a Simón que tiene que llegar temprano al estadio, por que el rival será un equipo grande y lo más probable es que los boletos se vendan en muy poco tiempo, le agradeces todas las atenciones prestadas, con un ligero golpe en la espalda y una manoseada de trasero, te dice que vofo, que no seas mamón, le dices que aguante y te retiras, aun sin ruta definida. Pasan por tu mente un sin fin de cosas, la escuela, tus jefes, la novia (ficticia por supuesto), son muchos los problemas que te aquejan, nunca traes dinero, tu ropa cada vez se degrada mas y de un momento a otro se desintegrara ante cualquier inclemencia del tiempo y lo peor, ya eres mayor de edad y aun no tienes pensado lo que te depara el futuro, pero a pesar de que para mucha gente estos son graves problemas, para ti son cosas sin importancia, tu lema por siempre ha sido, vivir la vida como vaya llegando, sabes bien que las preocupaciones solo te convertirán en un tipo gruñón, antipático y demás, todas esas cosas que señale anteriormente, se vuelven cosas sin importancia porque tienes en la vida una cosa que es importante, si es una cosa que te da felicidad, que te aleja de tus penas, que te enseña a defender lo que amas, que te enseña a ser fuerte y que te enseña a valorar una amistad, esa cosa es la barra, la hinchada, que es consecuencia de un equipo de fútbol sí, pero el equipo de fútbol jamás podrá platicar contigo, nunca escuchara tus problemas, jamás te meterá ideales, cosa que la barra por supuesto que lo hará y demasiado, de pronto dejas de filosofar, ya estas agotado, los hongos hacen que tus pies comiencen a hervir, el sol te quema incesante, aun faltan 2 horas para el partido, estas cerca ya del punto de reunión de la banda antes de cada partido, por lo que los hongos no pueden vencerte, de pronto al introducir tus manos en los bolsillos, notas algo raro, arrugas la frente y entrecierras los ojos en señal de sospecha, abres la boca como pronunciando la letra a, pero sin pronunciarla, te rascas la cabeza, el sol ha creado unos huevecillos blancos en esta, que te causan mucha comezón, y después de tanto ademan, solo te limitas a soltar una ligera risa, haz olvidado tu boleto y es necesario regresar a tu hogar, y una vez más enfrentaras a tus padres, recibirás zapes de su parte, pero nada de eso te detendrá para regresar, tal vez corriendo, tal vez bañado en sudor, pero para estar ahí, donde sábado tras sábado 11 guerreros te enseñan que en esta vida habrá que luchar por siempre. Ni modo, te resignas a regresar, das la media vuelta, cruzas la calle, estiras el brazo, empuñas la mano y levantas el dedo gordo, no hay de otra esperas tener suerte de que alguna carcachita, te brinde el servicio de transportarte gratis, te espera, el regreso a casa, una guerra en casa y la guerrilla en la cancha.

 

Anónimo publicado en 2003 en “pa sacarte la cerilla”

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